miércoles, 20 de abril de 2011

Dos libros

Ayer recogí de la estafeta dos libros.

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Uno de Alberto González Arzac, Arturo E. Sampay y la Constitución de 1949 (Quinqué, Buenos Aires 2009). Me lo envía LP desde Mar del Plata, ciudad que visité hace unos años y en la que con mucho rostro y más gracia, mi amigo NM, consiguió que pernoctáramos de lujo en una residencia de oficiales de la armada. En el libro de González Arzac se reconoce al estudioso de la obra política y jurídica de Sampay, pero también al adicto a la persona. Aficiones que, desde luego, puedo comprender.

Sampay, del linaje del realismo político, sufrió el exilio y conoció la abrogación de su constitución, en la que tanto empeño puso. De Gaulle, al parecer, le dijo a sus consejeros que quería para Francia una constitución como esa. De qué enrevesadas formas comparece el complejo de la Maliche.

Me entero del por qué de una traducción boliviana del estudio de CS sobre la situación de la ciencia jurídica europea en los años 50. También de que su articulación técnica de las expropiaciones y las nacionalizaciones del petróleo y la minería, recogida en el artículo 40 de la constitución de 1949, inspiró idéntica solución en la constitución frentepopulista del Chile de Allende y, más recientemente, en la ofesiva constitucional contra el coloniaje de Hugo Chávez y Evo Morales.

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El otro me lo envía GM y es un amplio estudio sobre las relaciones angloalemanas entre 1933 y 1939: Dietrich Aigner, Das Ringen um England (Bechtle, Múnich/Esslingen 1969).

En La lucha por Inglaterra se da cuenta de las relaciones del nacionalsocialismo con Inglaterra (en el pensamiento de Hitler, en la prensa, etc.), de la actitud de Inglaterra hacia el nacionalsocialismo alemán y finalmente de los movimientos de la opinión pública alemana e inglesa en la prensa de los años 1933 a 1939.

El libro arranca con las opiniones expresadas en 1935 por Stalin y Hitler a Anthony Eden y Lord Rothermere respectivamente. Stalin le dijo a Eden que "el Imperio británico es un elemento fundamental de la paz y la estabilidad en el mundo". Hitler, por su parte, le endosó a Rothermere, que "la seguridad del Imperio británico es del máximo interés para la raza blanca". Está claro que los dos odiaban a Inglaterra.