sábado, 21 de abril de 2012

Y nada es relativo

Más de cinco horas de viaje el lunes 16 de abril. Trabajo en el Ateneo. Voy y vengo al mesetón de los auxiliares. Encuentros sobre ismos y política con el profesor Dalmacio Negro: Carmelo Jiménez, Luis Bueno y yo mismo. Schmitt. El mito del hombre nuevo. El Arthasastra de Kautilya. Cena en Ananias, cerca de ICADE, de toda la vida. Miguel Ayuso. Consuelo Martínez-Sicluna. Jorge Sánchez de Castro. Sin mis hijas, comprobado, tampoco duermo ya. Es ya martes. Más Ateneo, en el que ahora reina Carlos París, pero en tiempos Rafael Calvo. No hay retrato de Donoso en el corredor de la Cacharrería. Almuerzo en casa de Jorge y Rosa. Tallarines con espárragos. Deliciosos, R. Me sigue gustando En el gabinete, de Dis Berlin, que te agenciaste hace cinco años. No están los niños. Después paso dos horas estupendas en casa de Luis Buceta, lejano auxiliar gratuito en la cátedra de Política social de Federico Rodríguez. Me regala, en tapa dura, la edición de los apuntes de la asignatura de 1963.

En el tren me saco un billete del bolsillo en el que llevo apuntadas dos referencias de Luis del Valle, tomadas del Au fil des revues de la Revue Internationale de Sociologie: "La lucha contra el paro en Zaragoza" y "La política económica, complemento de la organización corporativa" (Revista del trabajo, enero-marzo y julio-septiembre de 1930). Gran botín de mi razzia en el Ateneo.

¿Habrá quien pregunte "Once horas de tren para esto"?