sábado, 14 de abril de 2012

El inri de Alejandro

Alejandro el Grande, con enormes dificultades, conquistó la India. Más bien una parte de ella. Fundó seis satrapías: tres al este del Indo, entregadas a la administración de sendos virreyes indios, y tres al oeste, gobernadas por griegos (Peitón, Nicanor y Oxyartes, cuñado de Alejandro). Aquella grandiosa aventura de finales del siglo IV antes de Cristo alimentó el relato de los historiadores favorables a la causa griega. La muerte de Alejandro en el 323 a. C. y el colapso del imperio le coronaron como la primera gran leyenda política de Occidente. Las docenas de repúblicas y monarquías indias, al menos en las fuentes griegas y romanas, no son sino objetos de la primera política universal.

De Bucéfalo sabemos que murió en la batalla contra el rey Poro, mientras le curaban una heridas. Le dolió tanto su muerte a Alejandro que edificó una ciudad para ponerle su nombre: Bucefalia. Murió también por entonces Perita, su fiel perro, y cuenta Plutarco que por eso fundó Alejandro una ciudad con su nombre. Mucho menos se sabe de Sandrocoto por fuentes grecolatinas. Plutarco cuenta que el primer emperador de la India "vio a Alejandro en persona" siendo un muchacho.

Pero donde las dan las toman.

Chandragupta, el unificador de la India, fue instruido por Kautilya, quien le internó durante ocho años en la famosa escuela de Taxila, consagrada a la formación filosófica y militar de los hijos de las castas superiores (Kasatriyas y Brahmanes), venidos de toda la India. En Taxila, un día del 326 a. C., Chandragupta, que contaba 15 años, estuvo cerca de Alejandro. En los anales de la dinastía Maurya, particularmente en los pasajes dedicados a la unificación de la India y a la liberación del yugo griego, El Gran Alejandro se convierte en Alikasudara. En la literatura sánscrita únicamente se le menciona una vez: Alasa-Chandakosa.

El Magno, el Enorme Alejandro hizo retroceder la línea del horizonte que se divisaba desde los puertos griegos. Se casó con Roxana por amor. Y en Persia se hizo traducir el epitafio de Ciro El Grande: Amigo, quienquiera que seas y vengas de donde vengas, porque sé que vendrás, yo soy Ciro, el que adquirió para los persas su imperio. No me envidies por este poco de tierra que recubre mi cuerpo. Pero la literatura india tradicional ignora absolutamente al conquistador. Cuando le recuerda, it was only in the form of a bogey called Skanda, used to frighten naughty children.