lunes, 23 de abril de 2012

La Españolada [Fernández Flórez y Croce]

Decía Fernández Flórez que la Españolada era algo muy serio. A mi me parece mucho más que un género literario: una catarsis patriótica. La apoteosis nacional. La otra fiesta.

El esquema psicológico de la españolada es muy simple: el gusto de los españoles por entretenerse haciendo de españoles. Las reglas de arte, pocas y bien tasadas: representarse a sí mismos según los tópicos foráneos de lo hispánico, generalmente románticos. Por definición, el meollo de la españolada resultará inasequible a la razón utilitaria de los otros europeos. Tanto monta el bello ensayo de García Valdecasas sobre El hidalgo y el honor, razonamiento irónico, como la extraordinaria película de Fernando Merino, cima de las de su clase, Los subdesarrollados.

Fernández Flórez escribía con arrogancia, orgullo es decir poco, sobre esta materia grave medio siglo antes de que los cines españoles se llenaran con un reclamo parecido en el nivel del tiempo: desarrollismo y turismo (fraguismo).

Tres siglos atrás, cuando Francia y sus modas eclipsaron la influencia de España en Italia, hacia 1680, apareció ya la cosa y también la palabra.

El gran historiador del liberalismo, Benedetto Croce, decía que fueron aquellos también los tiempos en que las cosas de España tomaron un aspecto vacío, hinchado, caricaturesco, casi ridículo, al extremo que se creó la palabra españolada, en sentido eminentemente despreciativo.

Así, con una espina, nos pudimos sacar otra.