jueves, 9 de junio de 2011

De un exordio a otro

Hace unos días terminé el estudio introductorio que acompañará una nueva edición, la tercera (o cuarta si se cuenta también la reimpresión de la primera), del precioso discurso El hombre, animal político, de Javier Conde ("F. J. Conde" en el corrosivo y cianótico capítulo 1 de La fea burguesía, de M. E.) Antes de volver a la faena, bella ma incomoda, como la guerra, hice acopio de un puñado de libros en Gómez y Troa. 

Uno de R. Alvira sobre la familia, El lugar al que se vuelve (Rialp). Leerlo es oír hablar y discurrir a su autor -lo que raramente me sucede con un libro. 

Otro de R. Hidalgo Navarro sobre Julian Marías. Retrato de un filósofo enamorado (Rialp). También me ha gustado. Me ha traído el rumor de unos meses muy felices en los que, entre otras cosas, anudaba, una con otra, la lectura de todos los libros de Marías que me caían en las manos. Asistí a dos conferencias suyas: una en el Instituto de España, sobre el amor, y otra en Murcia, en un ciclo sobre el 98. Buscaba con ahínco un autógrafo suyo en mi ejemplar de La estructura social, pero por esas cosas nimias que de vez en cuando nos suceden me quedé sin él. Cuántas veces me he acordado de la herradura perdida del caballo que desbarató los planes del caballero, que perdió así la batalla y la guerra. El libro de Hidalgo Navarro evoca los amores de Marías: la universidad, los maestros, Lolita, la patria, su credo católico. Me disgusta sin embargo que quien, como el autor, no juzga a los dos amigos que traicionaron al filósofo, sea tan escrupuloso con Gonzalo Fernández de la Mora por sus críticas a Ortega... Yo creo que se le puede perdonar a un joven de 25 años, lector de don José, que le pregunte al maestro: "¿Para cuando su gran obra sobre la razón histórica que todos esperamos?"

Aunque empezamos mal, terminamos amigos Esparza y yo. No está mal su Juicio a Franco (Libros Libres), salvo el título por lo que tiene de reclamo mercantil. Los primeros capítulos son prescindibles, como el epílogo con una conversación con Pío Moa, pero los que dedica a las "figuras" del soldado, el misionero y el desarrollista tienen su interés para interpretar el régimen de Franco. Otro capítulo se dedica a Franco como "centro inmóvil", tal vez las únicas páginas que justifican el título de un libro dedicado, en realidad, al franquismo y a la polémica sobre la memoria histórica.

Bien Mil de mil (Pre-Textos), de A. Trapiello, que todavía no había leído.

Amenas las memorias de guerra de Javier Nagore Yárnoz: Luchábamos sin odio (Áltera). Bien el prólogo de P. Tamburri y mal los dos prólogos de las ediciones anteriores, que el editor no ha incluido y, se diga lo que diga en ellos, se echan de menos. A ratos aparece la guerra fresca y en mangas de camisa, como escrita por un García Serrano aspirante a un puesto de registrador o notario en un pueblo próspero de la Ribera. Aquí y allá, entre pepinazos, chaqueteos y paqueos, salpican la guerra las lecturas de Epicteto, Shakespeare, ¡Remarque! Y la alumbran también, por qué no, la incineración de una completa biblioteca de libros pornográficos ricamente encuadernados. Nagore, que no da más datos, no fue el incendiario, pero hay que agradecerle la estampa.

Tengo que acudir ya a mi cita con Ángel López Amo, y su doctrina de la restauración monárquica. Me pesa pero debo dejar a medias por unos días la Caza Mayor de Aquilino Duque.

2 comentarios:

Rafael dijo...

Encantado. Soy Rafael Hidalgo, y quiero agradecerle su atención y reflexión a propósito del libro que he escrito sobre Julián Marías. Veo que usted también ha sido gran lector suyo, así que en cierta medida hemos compartido "aula" de papel.

Con respecto a lo que comenta sobre Gonzalez Fdez. de la Mora, personalmente creo que no fue justo con Marías, aunque en ningún momento cuestiono sus dotes intelectuales. El menosprecio hacia Marías no data de su juventud, sino que se hace patente en la edad adulta y tiene consecuencias para el filósofo (como dejar de publicar en ABC).

De todos modos, espero que en conjunto el libro haya sido de su agrado. Lo he escrito con sincero entusiasmo y afán de veracidad. Otra cosa es que la destreza de la pluma acompañe.

Le reitero mi gratitud.
Cordialmente:
Rafael Hidalgo

Jerónimo Molina dijo...

Estimado Rafael, muchas gracias por su comentario. Su libro es magnífico. Lo leí de un tirón y se me hizo corto. Quien está en deuda soy yo como lector. En cuanto a mi comentario sobre GFM, uno también tiene sus lealtades, aunque, la verdad por delante, le doy a usted todo el crédito en lo que dice. Muchas veces las discrepancias intelectuales no son más que un problema de carácter o temperamento. Y don Gonzalo, en esto, creo que era un caso aparte.
Lo dicho: felicidades y mil gracias por su libro.