lunes, 16 de mayo de 2011

Elecciones

Como no sea sub specie aeternitatis, no me interesan ni estas ni otras elecciones; no por arrogancia intelectual, sino por melancolía, pasión que uno no elige. A fin de cuentas, no hay victoria electoral que no se vuelva derrota a la vuelta de unos años.

Entonces, la pregunta política por excelencia, en el magín del ciudadano consciente, no ha de ser Quién debe mandar, sino Qué hará el gobierno. Y para encontrar la respuesta a esa cuestión no sirven de nada elecciones ni referendos. 

Occidente se ha quedado atascado en el nominalismo político de los eternos aspirantes al poder, pues sólo a estos les interesa, lógicamente, que respondamos con urgencia a su pregunta sobre quién ocupará la cosa, si ellos o los otros.