sábado, 7 de mayo de 2011

Aquel Islam del siglo XX

Jules Monnerot publicó en 1949 un libro titulado Sociologie du communisme. Los intelectuales franceses le hicieron el mayor de los vacíos (una única recensión muy negativa publicada en L'Année Sociologique) por haberse atrevido a hacer de los comunistas, que se creían los dueños, autores y sujetos de la sociología, el objeto de ésta.

Como el Islam, el comunismo se presentó a la vez como una religión secular y como un Estado universal. Esto hizo de ambos, según razona Monnerot, un "fenómeno especialmente voraz".

Ahora se ha trastrocado el paralelismo al darle la vuelta (un periodista, un opinador profesional, ya se sabe, nunca desdeña una buena frase). Se dice  de un tiempo a esta parte que el Islam es el comunismo del siglo XXI. También que el Islam vive en plena Edad media. Algo no cuadra en esta ecuación, pues el comunismo, un despotismo futurista: koljoses más electricidad, nada tiene que ver con el medievalismo.

Supongo que sólo quienes piensen que en en el medievo llovía todo el rato y que fue una época especialmente inhóspita para la razón, aceptarán como verdad inconcusa esa mentira tan divulgada de que el Islam se quedó en la Edad media. Ojalá se hubiese quedado retenido el Islam en los siglos en que florecieron las Universidades y se salvó el logos en los escritorios monacales. Ojalá. Qué hermosura visitar entonces el Yemen.

El problema del Islam no es su medievalismo, que nunca lo conoció. La tragedia para Occidente es su combinación elemental de despotismo antiguo y electricidad.