viernes, 1 de junio de 2012

De Gaulle, ese hombre

A de Gaulle le entusiasmaba la gesta del Alcázar de Toledo, que le contaba con gran detalle a su hijo. Al General de Gaulle le caía bien el General Franco. A de Gaulle no le hacía falta disimular delante de los políticos de La Garce (o sus sucesores de la IV República) que se sabía representante de Francia, como Juana de Arco, Hugo Capeto y la serie de los Luises. Toute ma vie, je me suis fait une certaine idée de la France, escribe en el arranque de sus memorias de guerra (L'Appel 1940-1942). Creo que lo lapidario es ahí calculadamente ambiguo. De Gaulle, dictador pro témpore de la República o Presidente, tanto monta, nunca permitió que se ejecutara una mujer condenada por colaboracionismo, pues hay en ella, en ellas, en todas, como le decía a su colaborador, el leal Alain Peyrefitte, algo de sagrado. (Consintió otras ejecuciones, mis queridos amigos de la Tradición, que son la vergüenza de Francia).

Parece que de Gaulle tenía unas ideas que hoy llamaríamos anticuadas o reaccionarias, de Páter de aldea. Como los viejos curas de pueblo que tenían ganada su batalla, pensaba en siglos, no en legislaturas. 

Cuando la mayor parte de su gobierno, que había reformado el régimen matrimonial del Código civil de Napoléon en la primavera de 1965, estaba de acuerdo con la legalización de la píldora contraceptiva para reaccionar contra la campaña presidencial de Miterrand en el otoño, el General zanjó el asunto: "Mi gobierno nunca depositará un proyecto de ley para legalizar la píldora". Peyrefitte anotó sus palabras en tomo II de C'était de Gaulle (Fallois / Fayard 1994): "La pildora atenta contra lo más preciado en la mujer, su fecundidad. Si toleramos la píldora, tragaremos después con todo". Peyrefitte recordó entonces la "plegaria" de Anatole France a la Virgen: "Vous qui avez conçu sans pécher, permettez-moi de pécher sans concevoir", pero el horno no estaba para bollos y se la calló. De Gaulle había meditado sobre las consecuencias últimas de una autorización semejante: "¿Pretende usted que yo acepte que la población francesa decline en lugar de crecer? ¿Que nuestra raza desaparezca en un siglo o dos? Los nacimientos que aseguran el mantenimiento de nuestra población e incluso, después de la guerra, un crecimiento sensible de la misma se deben a embarazos no deseados. Tal vez no eran esperados, pero una vez anunciados, cómo no, eran bien acogidos".

A mi me cae bien este de Gaulle natalista, épico y católico. Solón en 1958. Dueño de la llave de los arcana republicae, su artículo 16. Era, además, un consumado escritor.