jueves, 7 de junio de 2012

Metaliteratura y metapolítica

Carlo Gambescia es sociólogo y autor de una obra más ensayística que sistemática de mucho valor. Sus páginas son siempre el retrato del hombre que las escribe, lo cual, por otro lado, pueden pasar por alto, sin perjuicio de su ilustración, la mayoría de sus lectores. Gambescia, feligrés de San Pedro cuando aquello, no hace tanto tiempo, no era más que una parroquia grande de Roma y apenas conocía el moderno turismo religioso de masas, dice que mi estudio sobre Guillermo Röpke es un ottimo libro y creo que hasta le molesta el prurito de neutralidad con que omito el adjetivo cuando le traduzco al español. He escrito dos o tres reseñas sobre libros suyos publicados en Settimo Sigillo: la larga entrevista Dove va la politica?, el libro sobre Del Noce y el ensayo sobre la sociedad consumista, en la que se apoyaba, para tomar altura, en un pasaje de La isla del tesoro.

Esperando que los carteros no hayan desvalijado su último paquete con franqueo de las Poste Vaticane, que me traía, a mi antigua dirección, un libro muy italiano, A destra per caso. Conversazioni su un viaggio, puedo decir que de todos los suyos prefiero Metapolitica. L'altro sguardo sul potere.

Metapolitica de Gambescia son varios libros en uno: formalmente se trata de un ensayo sobre el buen uso de la metapolítica, pero en sus páginas hay mucho más: hipertextualidad, metaliteratura y una aguda microbiografía, la del autor, que nos hace saltar, sin solución de continuidad en la lectura, a la red, a su blog de metapolitica. Si yo fuera crítico literario diría que Gambescia ha hecho ladina metaliteratura.

El libro tiene tres partes y en todas se ve cuánto partido le ha sacado el autor a la categoría migliana de las regolarità de lo político, noción de una extraordinaria valencia metodológica. No hay, tal vez no puede haberla, una visión integradora y universal de lo político, sino "verdades parciales" o patterns, en términos de la filosofía anglosajona. De las mismas hace un recuento no exhaustivo, añadiendo a las señaladas por Miglio algunas de su minerva: la libido dominandi aplicada a la búsqueda de la hegemonía (Tucídides); los egoísmos concurrentes (Maquiavelo); la existencia de un soberano en todo sistema político (Bodino); el carácter ficticio de toda comunidad política (Hobbes); la clase política (Mosca, Pareto, Michels); la antítesis comunidad-sociedad (Tönnies); las formas ideológicas de legitimación (Weber); la contraposición amicus-hostis (Schmitt); la dialéctica movimiento-institución (Alberoni); la "tradicionalidad" (Shils); el conflicto progreso-decadencia o arché-anarché (Sorokin).

La metapolítica es, entre otras acepciones posibles, una aproximación generalizadora que estudia los medios concretos mediante los cuales se conquista, se detenta y se pierde el poder: en suma, una mirada sobre el poder, como reza en el subtítulo. Requiere del estudioso un equilibrio entre pasiones e intereses que raramente se encuentra en la caracteriología del politólogo. Este balance sutil es, a mi juicio, el lema y hasta la marca de Casa Gambescia. De la metapolítica gambesciana constituyen también apartados sensibles la reflexión sobre la acción metapolítica (¿conviene rechazar el mundo, aceptarlo o comprometerse estratégicamente con él?) y la incursión en las provincias de la decadencia de la civilización, promesa tal vez de otras jornadas intelectuales. Discípulo ex lectione de Sorokin, Gambescia afirma lapidario que nadie piensa hoy en la decadencia. Nuestras sociedades naufragan en un tiempo sin durée que ha roto sus vínculos con el pasado (presentismo) y con el futuro (cataclismo demográfico de la natalidad cero).

Más acá de la prospectiva sobre el poder y la decadencia se encuentran las afinidades electivas de Gambescia: Szymborska y Eliot; Dawson; Cantimori y Del Noce; Schmitt y Freund; Ortega. De su amigo Nicola Vacca toma un magnífico epigrama para el realismo político, con aires del capítulo XV de El príncipe: stare a guadia dei fatti. Entre las fuentes de elección está también Alda Merini, de la que reproduce un aforismo, invitando de paso a consultar el Dizionario Biografico degli Italiani para que nos den razón de esta mujer, poetisa y excelente cultivadora del género lapidario por excelencia:

La calumnia
è un vocabolo stentato
che quando arriva
a destinazione
mettre mandibole di ferro.

Del no muy conocido sociológo Edward Shils, muerto en 1995 a la "venerable edad de 85 años" y autor de un libro descollante en la sociología del Novecientos, Tradition (1981), dice lo justo para incentivar su lectura y descubrirnos cómo llega callando el silencio a una obra extraordinaria:

Judío de origen ruso y nacionalizado americano, especialista en Max Weber y Karl Mannheim y colaborador de Talcott Parsons. Shils gozó de un momento de celebridad en Italia: en 1983 recibió el premio Balzan y, por invitación de Juan Pablo II, participó en los encuentros estivales de Castel Gandolfo entre el Papa e importantes hombres de la cultura. Después se deslizó hacia una especie de limbo intelectual. Por lo demás, un intelectual no católico y apreciado por el Papa no podía obtener el favor de una sociología que, como la italiana de esos años, era la pedisecua de Marx y su epígonos.

Y como en ocasiones anteriores, Gambescia nos deja aquí y allá gratos encargos de lectura: G. Le Bras, La Chiesa del diritto. Introduzione allo studio delle istituzione ecclesiastiche (1955); S. Moscovici, Psychologie des minorités actives (1976); Tradition, de Shils, por supuesto; y M. Serra, L'esteta armato. Il poeta-condottiero nell'Europa degli anni Trenta (1990).

Y la impagable microautobiografía de

L'autore
Carlo Gambescia è nato e risiede a roma. Sociologo. Ha all'attivo fra testi scritti, curati e tradotti, alcune decine di volumi. Collabora con pubblicazioni scientifiche italiane e estraniere. Scrive su quotidiani e riviste. Svolge consulenze editoriale. Nel tempo libero che gli resta, poco per la verità, srive sul suo blog.

El colofón perfecto, per la verità, para un libro con arribes de serena melancolía: más allá de la metapolítica está la cruz de Cristo: aceptada en conciencia sobre nuestras espaldas debemos cargar con ella hasta el final. Oltre la metapolitica. Pero ahí comienza ya otro libro.