jueves, 28 de julio de 2016

De Benicarló a Cartagena

27 de julio. Regreso a casa en tren. Solo. Vuelvo conmovido por las palabras del diarista telúrico Renaud Camus, intuidas desde hace meses y leídas sobre el Atlántico para no pensar en el éter que durante once horas, hasta la arribada mexicana, sustenta cuatrocientas almas. Palabras que se hacen carne con hiyabes y albornoces en la esquina de un pueblo de Castellón en la que me encuentro, de improviso, in partibus infidelium.   

RC es francés de estirpe o casta francesa (français de souche), términos sin valor jurídico y erradicados por la jurisprudencia civil. Camus, icono del homosexualismo de los años setenta, ha escrito un libro fundamental que debería estar en el macuto de cualquier europeo. El grito de dolor que exhala lo han silenciado, por eso hay que comprarlo y leerlo de extranjis para que nadie tache nuestros vicios. Lo dedica a "dos profetas", a Enoch Powell y a Jean Raspail.

En un texto que recoge precisamente Le Grand Remplacement, "Le changement de peuple", recuerda RC el parlamento de su compatriota Richard Millet en France 3, emisión de Ce soir ou jamais del 7 de febrero de 2012. Millet es francés, católico y heterosexual, un excombatiente en el Líbano a favor de los cristianos que no puede soportar la idea de que hay mezquitas en Francia o en Holanda. Quelle horreur! "RM, en un programa de televisión con el que principia la toma de conciencia colectiva, habla de su dolor por saberse el único de su raza [le seul blanc], o apenas el único, en la estación de Châtelet[-Les Halles, el corazón de París] a las seis de la tarde". Lo terrible del pasaje es la estupefacta incomprensión de sus tertulianos, "Muy Representativos de la Corporación de la Palabra Autorizada", los MRCPA. "¿El único blanco en Châtelet a las seis de la tarde? ¿Donde está el problema? El sufrimiento del que les habla Millet les resulta ininteligible".

La víctima propiciatoria de los MRCPA es "el indígena [francés, español, portugués, italiano o alemán, europeo en suma], expoliado de su propia mirada, de su propia relación con la realidad, de su sufrimiento", pues ni siquiera tiene ya derecho a protestar por el "cambio de pueblo" perpetrado en su perjuicio y en nombre de los Derechos del Hombre, ese ente de razón.