viernes, 18 de marzo de 2016

Julien Freund, Jacques Maritain y Piet Tommissen.

Regreso con el pie forzado (comprometido por la amistad, más fuerte que mis plazos administrativos, ¡ay!, imperiosos) al Campesino del Garona, a Jacques Maritain.

Releo sus ásperas palabras sobre Saint-Exupéry, dispuesto al sacrificio. Me capuzo en las páginas de Pourquoi Rome a parlé?, De la justice politique. Notes sur la presente guerre y Messages 1941-1944, recién llegadas y que no pude leer en vísperas de mi viaje a Estrasburgo en el 2012.

A Julien Freund no se le puede conocer más afición a Maritain que una cita aislada, pero no suelta, diría yo, a propósito del bien común en L'essence du politique. Su decepción con la Iglesia posconciliar no permite aventurar ni mucho menos mayor interés por él. Sin embargo, yo veo una depurada influencia del filósofo católico sobre el polemólogo que viene de los años cuarenta. En la página 136 de Á travers le desastre escribe Maritain sobre una política política. En la página 53 de Le crépuscule de la civilisation, movido por su profundo desafecto schmittiano -enemiga que solo se entiende si se tiene en cuenta que Maritain había convencido a Pierre Linn para traducir al francés Politische Romantik-, apunta que no cree que las fórmulas de Carl Schmitt nos descubran "la esencia de lo político".

Hay un eco mariteniano en el pensamiento político freundiano.

A fin de cuentas, el ladino Maritain es un mastín católico, como Gracián, como Saavedra Fajardo.

Pierre Muller, en su libro sobre la recepción francesa de Schmitt, apunta únicamente esto, que solo sirve para calentar mi imaginación sobre aquella sobremesa, supongo que en alguna Weinstube de Estrasburgo o Colmar, tan cerca del Kolbsheim: "Julien Freund me contó que, mucho después de la guerra, cenando en compañía del jurista [se refiere a Schmitt, claro], vieron a Maritain, el cual, por una increíble coincidencia, estaba allí mismo, a treinta pasos. Carl Schmitt lo ignoró con desprecio".

No sé qué pensará JCV de todo esto. Lo cierto es que la Ardilla Flamenca, el único que hubiera podido decirnos algo al respecto, ni escribe ni recibe ya cartas.