martes, 8 de mayo de 2012

Maquiavelo, lector de San Mateo

Esta tarde han llegado dos ejemplares de Razão de Estado e democracia, las actas del congreso de Covilhã organizado por António Bento. Busco mi texto, que me parece muy distinto (para peor) después de tres años y en cierto modo ajeno (para mejor), pues viene traducido al portugués.

Me alegra encontrar en el índice la meditación sumaria del algo extravagante profesor Salgado de Matos: "Cristo mestre de Maquiavel". Entre tantos argumentos retorcidos hasta la medula para concluir que la teoría de la democracia representativa tiene su correlato en el Cristo "profeta desarmado" del Sermón de la montaña, pero no en el que fue maestro de Maquiavelo, hay aquí y allá algunas iluminaciones que el autor rodea de todas las cautelas. Así, pone por delante que no pretende hacer hermenéutica de los textos sagrados, tampoco teología. En cambio, sitiéndose legitimado por el Edicto de Constantino y por el Cristo Señor de los Ejércitos que, en otro tiempo, galvanizaba la misión temporal de la Iglesia (y más recientemente el Cristo Rey de la Encíclica Quas primas de 1925), Salgado hace una lectura política del más antiguo relato evangélico.

Cristo no viene a traer la paz. Tampoco recomienda la pasividad al mandar a los suyos que sean sal y luz para el mundo. La estrategia de la serpiente presupone la existencia del enemigo, contra cuyos designios es lícito, si no imperativo, usar la fuerza y la violencia, tanto simbólica como física. ¿Qué mayor violencia simbólica contra los judíos que el anuncio de que Jesús es el Hijo de Dios?

Ignoro si el profesor es un hombre de fe, pero veo que en materia tan grave ha tomado sus precauciones al escribir que:

las palabras de Cristo son susceptibles de ser interpretadas como la enseñanza de una acción estratégica que toma a los hombres como medio, sin que ello implique la condenación eterna.