martes, 8 de mayo de 2012

Cristo, maestro de Maquiavelo

No hace mucho, en un seminario organizado por el profesor António Bento en la Universidad de Beira Interior, en Covilhã, el profesor Luis Salgado Matos, emérito de la Universidad de Lisboa, improvisó una meditada comunicación sobre ciertas palabras de Cristo en el Evangelio de San Mateo. No las recuerdo ahora, pero confío en que las Actas de esa reunión, lejana ya (junio de 2009), las contengan.

Utiliza una fórmula equivalente a la del univesitario portugués (Cristo mestre de Maquiavel) el politólogo italiano Pier Paolo Portinaro. En su libro de muy alta divulgación científica Il realismo político, que compré hace unos días seducido por el tema de la conferencia de CG en Murcia, define el cristianismo, en el marco de su estudio, como "el realismo [político] de los débiles".

Menciona Portinaro la instrucción de Jesús a los apósteles de Mt 10, 16. En la traducción de la Nacar-Colunga reza así:

Os envío  como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas.

El de Mateo es, tal vez, el Evangelio que más se presta a este tipo de meditaciones. Así, después, en Mt 13, 24-30, vine la parábola de la cizaña, una antropología política del enemigo y una escatología política de la enemistad. "La discordia en la morada del enemigo", que me parece la traducción perfecta del espléndido título de De Gaulle, es el corolario de los primeros versículos del pasaje. Y el relato de la "autnomía de lo político" en Mt 22, 15-22. Y el de la fuerza como ultima ratio, enseñanza de la expulsión de los mercaderes del templo (Mt 21, 12-14).

Políticos son también algunos silencios de Jesús, quien nunca dijo Diligete hostis vestros, sino lo que el evangelista recoge en Mt 5, 44.