miércoles, 28 de noviembre de 2012

La abulia política de Michel Oakeshott

El conservador, dice Oakeshott, no se caracteriza por tener una doctrina, sino por una actitud. Lo argumenta en La actitud conservadora (Sequitut 2009). Tener un punto de vista escéptico sobre el gobierno es lo que le hace singular y le asemeja a un hombre que nada contracorriente a quien todo el mundo ignora, pero "no porque sea falso lo que dice, sino porque sus palabras resultan irrelevantes" (p. 58).

Yo le encuentro dos limitaciones a su "actitud", que en realidad es una doctrina: la primera es relativismo, la segunda un cierto desprecio por la política.

Tiene razón Oakeshott cuando en "Política de la fe y política del escepticismo" recalca que el gobierno no debe tener la pretensión de hacer mejores a los hombres, pero ¿es necesario por ello afirmar que el gobierno debe ser indiferente a la verdad o al error? Esto es posible, tal vez, sólo en sociedades con un profundo sentido de lo político... Lo que sin embargo no parece fácil compaginar con su idea subalterna de la política, tan próxima a la idea orteguiana de lo político como "piel" de lo demás.

El conservadurismo de Oakeshott le da la espalda al tiempo político por excelencia: la situación de excepción.

Pero Oakeshott no engaña a nadie: "No nos interesa saber si [la actitud conservadora] puede ser conveniente en otras circunstancias", escribe como conclusión (p. 93). Le da igual si ser conservador a su modo "con respecto al gobierno sería igualmente pertinente en las circunstancias de un pueblo abatido, perezoso o sin iniciativa", al cual sólo le cabe resignarse a convertirse en objeto de la historia.

Este imaginativo del desastre me parece hoy, más bien, un señorito abúlico.

jueves, 22 de noviembre de 2012

España imbele

Inerte, sin pulso. Débil y declinante. 

No me sorprende la sabiduría de Valeriu Marcu, autor de un gran libro sobre Maquiavelo: Maquiavelo. La escuela del poder. Es un duro consuelo constatar que:

Muchos, que no saben ni griego ni latín, que trabajan penosamente o que también penosamente no hacen nada, los que van a dormir con regularidad y se levantan temprano -el pueblo-, pueden más fácilmente soportar una guerra de treinta años que un nihilismo moral de treinta años.

martes, 16 de octubre de 2012

La libertad que nace de la tierra

Este será el título de mi contribución a la reunión schmittiana de Uberlândia. La inspiración o más bien su sugestión me viene del precioso Welt großartigster Spannung, de 1954, en el que Schmitt arranca así: 

Un día del verano de 1940 que la lluvia echó a perder mi hija de 10 años quiso que le contara algo...

Al final de esta preciosa glosa, en la que Schmitt confiesa, con la ingenuidad de un niño, que entonces "de improviso, me di cuenta del mar, al que siempre había sido ajeno", hay una cita del poeta triestino Theodor Däubler:


No por casualidad, Schmitt, debelador de las razones secretas de la talasocracia inglesa, busca consuelo en su poeta, enterrado en las arenas de la marca de Brandenburgo: "El oceáno es libre, pero más libres aún son las fuentes" que manan del interior de la tierra. La libertad político no es patrimonio del pueblo inglés; tampoco de las potencias marítimas (Atenas contra Esparta). La libertad del hombre es patrimonio de la tierra, desde cuyas profundidades irradia la vida de su hijo, el hombre.

¿Qué pensaría Schmitt del fantástico A Song in Storm de Rudyard Kipling? En los dos primeros versos está todo el epos oceánida del pueblo de las islas:

Be well assured that on our side           Sabed que los océnos eternos
The abiding oceans fight              están de nuestra parte [trad. Benítez Ariza.]

En un soneto de Basterra encuentro también, rebuscando hoy aquí y allá, antes de que Julia despierte, el epos telúrico de nuestro pueblo peninsular, temeroso del océano:

Surcando el campo vi la mar fulgente
en el ancho horizonte en el que fina
nuestra existencia térrea y la marina
comienza, inmensa y misteriosamente.

martes, 21 de agosto de 2012

Poco más sobre el realismo político

De las definiciones posibles del realismo político la que ahora propongo, puramente formal y para alivio de mi amigo JMBL, sirve sin embargo para atizar la hoguera de las vanidades contemporánea:

Doctrina pobre en valores demagógicos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Enemigos de la Iglesia

A todos ellos, además de condenarlos, les dio Roma digno trato literario. 

Si el liberalismo y el modernismo eran errores pestíferos (Gregorio XVI, León XIII, Pío X y algún otro Pontífice así lo aseguraron), nada comparable con la tremenda definición del comunismo de Pío Nono en la encíclica Qui pluribus de 1846:

Hiel de dragón en caliz de Babilonia.

lunes, 13 de agosto de 2012

De los libros somos

La cartera es a quien mejor recibimos en casa entre las doce menos veinte y las doce. Antes han pasado mis suegros, que también se llevan su parte. Antes aún hemos tomado churros y café. Mucho más temprano es cuando llego yo a la biblioteca para leer, no siempre sé si para escribir también. 

La cartera, que nos sube casi todo al sexto, sólo tiene un defecto, si se puede considerar tal: parece que dobla con saña, uno tras otro, los ejemplares de la revista Éléments, pues calcula que es lícito plegar una revista, precisamente esa, siempre la misma, para que entre por la ranura de mi buzón. Pero finalmente es la persona que me trae los libros que en mi rebusca me puedo permitir y que además divierte a mis hijas, pues las dos, aleccionadas por Yolanda, se entretienen la enormidad de un minuto haciendo para mi de correos del Zar de Rusia. No es que entrañe peligro alguno recorrer el pasillo (un luengo pasillo de una casa de las de antes): simplemente su algarabía me hace pensar en una patulea de cosacos a caballo que las persigue.

* * *

Hoy me llega, remitido por St Philip's Books, una librería oxoniense, Antimoderne, de Jacques Maritain, en la edición revisada y aumentada de 1922.

St Philips's Books es una librería especializada en libros de teología, lo que puede ponernos en la pista del antiguo propietario, tal vez un anglicano converso o un católico de 8 abuelos católicos. Debió llegar muy pronto a Inglaterra, y allí vio pasar uno tras otro los gobiernos de su majestad (hasta el día 7 de agosto, según reza en el matasellos).

Su antiguo propietario fue tan escrupuloso como para escribir dos avisos, con una bonita caligrafía, en las páginas 34 y 36.

Página 34: "This page to be transposed [ilegigle] page marked 36".
Página 36: "This should be page 34".

Pienso que mi cuidadoso benefactor, depositario casi 90 años de mi libro, tuvo que ser persona entregada a la abstracción teológica. De los seis capítulos de Antimoderne no le interesó el titulado "Réflexions sur le temps présent", justamente el que yo quería leer. Todos los capítulos están abiertos, menos el mío, que esta tarde me entretengo en abrir.

Juro que lamento no saber nada más del solidario inglés curador del libro. A la vista está, por cierto, que escribir, como acabo de hacer más arriba, "mi libro" o, para distribuir el orgullo a partes iguales, "nuestro libro", es una exageración voluntariosa, pues somos del libro.

Algo, aún no sé el qué, tal vez un billete con estos apuntes, dejaré también en sus páginas para nuestro común amigo (de aquel inglés y mío) que se curará de él cuando recupere su libertad (certus an incertus quando, ya me entienden). Todavía no ha nacido, pero espera noticias nuestras el siglo que viene.

Realismo político

                                                    
El realismo político es la cruz dolorosa del intelectual cristiano.

viernes, 10 de agosto de 2012

Chesterton crítico del maritenismo

Chesterton murió en 1936. Ese mismo año publicó Maritain su Humanisme intégral, puesta a punto de las seis lecciones que pronunció en agosto de 1934 en la Universidad Internacional de Verano de Santander, publicadas asimismo en la eidtorial Signo en 1935. No sé ni veo, hoy al menos, modo de saberlo, si Chesterton leyó a Maritain; no Humanisme intégral, pero tal vez Religion et culture, Du régime temporel et de la liberté o Primauté du spirituel. Se lo tendría que preguntar al traductor de La cosa y otros artículos de fe (Espuela de Plata 2010).

De lo que no necesito confirmación es de la notable refutación avant la lettre del maritenismo (no sé si en la misma medida, debo recalcarlo, de Maritain) que se puede leer en el primero de los pasajes que Chesterton le dedica las "religiones fósiles" en el artículo "Mis seis conversiones", recogido por EG-M precisamente en La cosa.

Las "religiones fósiles", escribe Chesterton refiriéndose mayormente a las confesiones protestantes, no son, como los fósiles, animales muerto o podridos, sino una forma orgánica de la que ha desaparecido toda sustancia vital. Una sustancia de la que han desaparecido todos sus accidentes: "este tal vez sea el mejor símil que podemos encontrar para la verdad acerca de las nuevas religiones" (p. 77). Lo había dicho San Agustín, citado por Gregorio XVI en Mirabi vos: "no pierde su sustancia el sarmiento cuando está separado de la vida, pero ¿de qué le sirve si no vive de la raíz?".

Creo que en este punto se entenderá mejor el puyazo de Chesterton (me temo que dardo, menos castizo, es decir poco) al vagoroso maritenismo postconciliar: "La parte teológica y teórica de su obra se secó con extraordinaria rapidez, y con la misma rapidez el vacío que quedó se llenó de otras cosas. Qué cosas eran está muy claro en muchos casos".

jueves, 9 de agosto de 2012

Camaradas y señores

La revista fundada por Emmanuel Mounier en 1932, Esprit, publicó en febrero de 1933 un número especial sobre la situación de Alemania. Harro Schulze-Boysen entregó a la dirección una "Carta abierta de un joven alemán a Francia". Raymond Aron, que apuraba sus últimas semanas en Berlín, de vuelta de las ideologías y dudando si no sería la suya una "actitud cínicamente realista", remitió a la redacción una "Carta abierta de un joven francés a Alemania".

Schulze-Boysen la escribe con un "Cher camarade" por delante y Aron con un "Mon cher Mounier". Se mire como se mire, el rapprochement franco-alemán entre las dos guerras era imposible. También por las cláusulas de estilo.

domingo, 5 de agosto de 2012

La cachaza de Waldemar Gurian

El politólogo de origen ruso Waldemar Gurian murió el 26 de mayo de 1954. Al año siguiente, en el número de enero de su revista, The Review of Politics, se le dedicó un sentido homenaje.

Hannah Arendt le definió allí como un hombre de muchos amigos que supo ser amigo de todos, sin distinguir entre hombres y mujeres, laicos y clérigos, modo de vida, condición social o nacionalidad. Sabiendo cercana su hora viajó a Europa para despedirse de ellos. 

Tal vez se le pasó por la cabeza en ese viaje visitar a su viejo maestro, a quien muy poco antes, en mayo del 51, habían permitido las autoridades francesas salir de Alemania y viajar a la España de Franco (sobre la que ofreció una notable conferencia de la que se habla poco y en la que en parte discierne el secreto de la autoridad de Franco).

Pero reconciliarse con él y acabar con el incendio que él mismo provocó, "La leyenda de Carl Schmitt", era demasiado, incluso para una persona tan amistosa como él. 

P. S. ¿Alguien que no sea Alain de Benoist se atrevería en Francia a pedirle a Zarka que abandonara su miserable modo de explotación de los pecados del prójimo?

sábado, 4 de agosto de 2012

Maritain y las dictaduras católicas

A Maritain no le austaba la "democracia orgánica". Tal vez le escuchó el término a Fernando de los Ríos, o a alguno de sus discípulos, en agosto del 34 en Santander. La "orgánica" le parecía la verdadera democracia personalista, comunitaria y pluralista, a la sazón parasitada por Rousseau y Proudhon. El modo de la autoridad en ella practicado no era partenalista ni burocrático, sino de compagnonage. Aunque no se sepa muy bien, la verdad, que quería decir Maritain con ese término, para mí evocador de la camaradería de los Compagnons de la Libération, incluso de la masonería.

El gran error de las democracias de la postguerra era, según Maritain, el sufragio personal inorgánico, aliado demoníaco del "caballo de Troya de la representación proporcional". Muy superiores juzgaba las virtudes del sufragio corporativo, aunque el debate sobre esta y otras cuestiones anejas se falseó en la Europa de los años 30: en una atmósfera de amenaza, en los regímenes demoliberales inorgánicos bastaba con calificar de fascista o comunista una reforma para hacerla imposible. Es lo que sucedió en España en 1931 con la segunda cámara de representación orgánica anhelada por el krausofascista a su pesar Adolfo Posada, icono del constitucionalismo de izquierdas. O más tarde, en el franquismo, con las "asociaciones políticas".

Maritain era también enemigo de la partitocracia y partidario del presidencialismo, única organización del poder ejecutivo capaz de hacer "al Estado y al gobierno independientes de los partidos políticos".

El paisano del Garona, simpatizaba con el tipo de "dictadura católica" personalizada por Salazar en Portugal, que cuidadosamente distinguía del autoritarismo de Dollfuβ. Al General Franco le colocaba en otro plano: en el de lo detestable. Le aplicaba el artículo de la cerrrazón francesa para el catolicismo y la política españolas. Como Aron, quien aun reconociendo su error de juicio en 1936 sobre la legalidad de la República y la ilegitimidad de la sublevación, se resistía, en Démocratie et totalitarisme, a incluir la dictadura constituyente de desarrollo de Franco entre los regímenes "despolitizadores".

viernes, 3 de agosto de 2012

Maritain: de Canossa a la Democracia cristiana

A primeros de septiembre próximo, del 5 al 8, acudiré a Estrasburgo. El Instituto de Estudios Políticos de la Universidad celebrará un Coloquio internacional sobre "La libertad en la época de Jacques Maritain", centrada en su obra, compromisos y vicisitudes de los años 30. Por eso, desde mediados de julio me he dado a la lectura de un autor que no conocía. Bien mirado, me resultaba incluso antipático, tal vez por la polvareda que en España y Argentina levantó su actitud, tan republicaine, tan autosuficiente ante la Guerra de España.

Pero en la obra del Maritain de los años 20 he encontrado a un filósofo católico sumamente interesante. No sólo por el viaje, que a sus expensas, he hecho por Bloy, Péguy y el Renouveau Catholique de Francia. Que por ciero explica muy bien el propio Maritain, con nombres, libros y revistas en un artículo de Foreign Affairs de enero del 42: "Religion and Politics in France". Está escrito, ad usum delphini, para el gaullismo y La France Libre, pero eso es otro asunto.

He leído Humanisme intégral de 1936, que procede inmediatamente del curso profesado por Maritain en la Universidad Internacionald de Santander en agosto del 34; al mismo tiempo, Principes d'une politique humanista, de 1945. Después Du Régime temporel et de la liberté (1933) y Religion et culture (1930). Por último el extraordinario Primauté du spirituel (1927), que marcó su ruptura oficial con el maurrasismo y L'Action Française. No he conseguido de momento Antimoderne, ni en la primera edición del 22, ni en la revisada y ampliada del 27. Como contrapunto creía obligado también leer Le paysan de la Garonne (1965).

Humanisme intégral es la divisoria del tercer Maritain: la afirmación de los principios y, al mismo tiempo, la preparación de los cambios sobrevenidos a lo largo de esa década y, sobre todo, generalizados en Occidente al acusar el autor francés, en los 40, el impacto de la política y la vida civil e intelectual de los Estados Unidos. Con todo, un libro como Principes d'une politique humaniste, referente práctico de la democracia cristiana de la postguerra (como Humanisme intégral será teórico), no es cualquier cosa: por su crítica al maquiavelismo, en el famoso último capítulo, pero también por su alegato en favor de una "democracia orgánica", la crítica a la partidocracia, la defensa del poder ejecutivo (instruido, según creo, por las teorías constitucionales del Interbellum de Mirkine-Guétzevitch). La cosa es que, de principio, el régimen maritainiano no parecía muy distinto del franquismo posterior al Fuero de los Españoles (1945).

El esfuerzo de Maritain por distinguir los medios políticos legítimos de la política de un régimen asimismo legítimo es más que meritorio, pero creo que ni siquiera los maritainianos le han dedicado atención, más allá de un puñado de vulgaridades. Por eso hace bien Umberto Ludovico, autor de una espléndida tesis sobre la teología política de Maritain y su debate con la politische Theologie alemana, al aconsejar que se separe al autor de sus pedisecuos (U. Ludovico, Jacques Maritain e la teologia politica del Novecento. Universidad de Venecia 2009).

Maritain fue un escritor contradictorio, a lo que tenía derecho. Del socialismo dreyfusard y del anticlericalismo de la III República, mediando su conversión (Léon Bloy fue su padrino de bautizo), paso a Maurras; de ahí a la defensa, como pocos escritores católicos supieron hacerlo, de la teología política de Pío XI, formulada oficialmente en su primera encíclica, Ubi Arcano Dei, de 1922. Quas Primas, de 1925, no era otra cosa que la institución de la fiesta litúrgica de Cristo Rey, congruente con las posiciones de 1922 ("la paz de Cristo por el Reino de Cristo"). Después de todo eso patrocinó, o eso parece, experimentos políticos muy alejados de la doctrina pontificia del preconcilio.

Mauriac, defendiendo a Maritain de los ataques de la derecha por su ligereza al negar legitimidad al Alzamiento nacional del 18 de julio, se refería a ál como "ce bien aimé Jacques". Aron, que sentía gran simpatía por "cet homme de bien", seguro que lamentando en su fuero interno la dureza con que Maritain trató a Saint-Exupéry, anhelante de la unión de los franceses, le consideraba una de las "consciences des français d'Amerique" (la otra era, naturalmente, Saint-Ex). Pero está también, para ser recordado, el trato que Maritain dispensó a uno de los vencidos de Europa, a Schmitt, viejo amigo católico. Las razones de su frialdad hay que buscarlas en su mujer, de origen judío, Raïsa Maritain, y en la opinión de Waldemar Gurian. Es fácil deducirlo, pero lo relata y documenta U. Ludovici, quien tambien explica, por las mismas causas (cherchez la femme), el desentendimiento de otro viejo amigo, Pierre Linn. Es comprensible y humano, como también lo son las opiniones que en su Glosario le dedica al Paysan de la Garonne el Viejo de Plettenberg: traidor a Bloy, de cuya herencia sólo ha conservado el odio a Alemania.

La respuesta de Maritain a Saint-Ex, "Il faut parfois juger" (1943) [A. de Saint-Exupéry, Écrits de guerre 1939-1944, pp. 221-229], es una invitación, por amor a la verdad, a hacer lo mismo. 

Entre el viejo laico que exultaba porque "la Iglesia católica romana que el 8 de diciembre de 1965 clausuró el II Concilio del Vaticano", en palabras del Discurso de Paulo VI a la Nobleza romana (14 de enero  de 1964), "ni quiere ni debe en lo sucesivo ejercer otro poder que el de sus llaves espirituales", y el teólogo político que en 1927 defendía el poder temporal de la Iglesia ratione peccati y afirmaba que "Canossa siempre será un consuelo para los corazones libres", no hay término medio posible. De modo que también aquí il faut juger.

domingo, 8 de julio de 2012

Verano

Tampoco este verano podré leer Los Buddenbrook. 

A cambio espero encontrar algunas de las banalidades superiores que los libros que forzosamente me acompañarán estas semanas reservan a los lectores pacientes.

Una de Maritain que saco a pulmón desde el fondo de Principes d'une politique humanista (1945), libro que no parece interesar ya  ni a los llamados intelectuales católicos:

Los profesores de Ciencia política no se trabucan, en los asuntos de su espexcialidad, menos que la gente común: si los errores de esta son vulgares, los de aquellos resultan ser errores intelectualizados y documentados.

martes, 12 de junio de 2012

Mediación internacional

En tiempos de Franco se llamaba retirada de embajadores al bloqueo internacional. Lo venció el General por la mano compitiendo diplomáticamente en el mismo elemento que los mediadores internacionales de la ONU: los océanos, el Atlántico Norte y el Atlántico Sur -Estados Unidos y Argentina, Eisenhower y Perón-. Como hicieron los Borbones después de la Guerra de sucesión para librarse del dogal de Europa.

En Siria, objetivo inmediato del universalismo político, lo mismo que Libia hace unos meses, llaman ahora retirada de embajadores a la aceleración de la guerra civil.

sábado, 9 de junio de 2012

Los animales de la política

En el Occidente cristiano la política es un gran animalario. Deambulan por sus géneros la abeja laboriosa, la taimada culebra, el zorro ladino, el poderoso león y el águila real. En las Empresas políticas de Saavedra Fajardo, que siempre tengo cerca, hay también, además de todos esos, puercoespines, cigüeñas, osos y papagayos. Perros ladradores y rapaces que digieren el hierro. Muchos más son los animales que parlan en las fábulas de La Fontaine, canon literario de un género que, en realidad, trasciende la intencionalidad política. 

Desde Esopo a Orwell, pasando por Mandeville, las conductas animales han servido para ilustrar los vicios y las virtudes del animal político. Probablemente, los modelos de este género, como los espejos de príncipes, que conocieron gran desarrollo a partir de Plutarco, llegaron de Oriente, después de las conquistas de Alejandro. La alteración sufrida por los patrones originales, aun siendo lógica, resulta fascinante.

La política hindú, racionalizada en los Arthasastra, tratados del gobierno, ofrece un paisaje totalmente diferente, poblado de elefantes y vacas, pero también de los seres acuáticos. Nuestra ley de la selva o nuestra lucha lobuna de todos contra todos es en la India arcaica la ley de los peces, lo que parece, si cabe, más cruel y fatalista. Hay también en esos tratados serpientes, pero de ellas sólo preocupan sus virtudes venenosas y cómo defenderse de ellas. Tortugas. Y cangrejos, especie que le sirve a un príncipe del ingenio político, Kautilya, para prevenir a los reyes contra sus propios hijos: los príncipes, escribe el poderoso valido de Chandragupta, "son de la misma naturaleza que los congrejos, que devoran a sus progenitores".

viernes, 8 de junio de 2012

Argumentos de autoridad

Algo del eristi sicut dii alienta, según nuestro gran Suárez, en la soberanía popular y más de trescientos años de propaganda política no me van a hacer cambiar de opinión.

jueves, 7 de junio de 2012

Metaliteratura y metapolítica

Carlo Gambescia es sociólogo y autor de una obra más ensayística que sistemática de mucho valor. Sus páginas son siempre el retrato del hombre que las escribe, lo cual, por otro lado, pueden pasar por alto, sin perjuicio de su ilustración, la mayoría de sus lectores. Gambescia, feligrés de San Pedro cuando aquello, no hace tanto tiempo, no era más que una parroquia grande de Roma y apenas conocía el moderno turismo religioso de masas, dice que mi estudio sobre Guillermo Röpke es un ottimo libro y creo que hasta le molesta el prurito de neutralidad con que omito el adjetivo cuando le traduzco al español. He escrito dos o tres reseñas sobre libros suyos publicados en Settimo Sigillo: la larga entrevista Dove va la politica?, el libro sobre Del Noce y el ensayo sobre la sociedad consumista, en la que se apoyaba, para tomar altura, en un pasaje de La isla del tesoro.

Esperando que los carteros no hayan desvalijado su último paquete con franqueo de las Poste Vaticane, que me traía, a mi antigua dirección, un libro muy italiano, A destra per caso. Conversazioni su un viaggio, puedo decir que de todos los suyos prefiero Metapolitica. L'altro sguardo sul potere.

Metapolitica de Gambescia son varios libros en uno: formalmente se trata de un ensayo sobre el buen uso de la metapolítica, pero en sus páginas hay mucho más: hipertextualidad, metaliteratura y una aguda microbiografía, la del autor, que nos hace saltar, sin solución de continuidad en la lectura, a la red, a su blog de metapolitica. Si yo fuera crítico literario diría que Gambescia ha hecho ladina metaliteratura.

El libro tiene tres partes y en todas se ve cuánto partido le ha sacado el autor a la categoría migliana de las regolarità de lo político, noción de una extraordinaria valencia metodológica. No hay, tal vez no puede haberla, una visión integradora y universal de lo político, sino "verdades parciales" o patterns, en términos de la filosofía anglosajona. De las mismas hace un recuento no exhaustivo, añadiendo a las señaladas por Miglio algunas de su minerva: la libido dominandi aplicada a la búsqueda de la hegemonía (Tucídides); los egoísmos concurrentes (Maquiavelo); la existencia de un soberano en todo sistema político (Bodino); el carácter ficticio de toda comunidad política (Hobbes); la clase política (Mosca, Pareto, Michels); la antítesis comunidad-sociedad (Tönnies); las formas ideológicas de legitimación (Weber); la contraposición amicus-hostis (Schmitt); la dialéctica movimiento-institución (Alberoni); la "tradicionalidad" (Shils); el conflicto progreso-decadencia o arché-anarché (Sorokin).

La metapolítica es, entre otras acepciones posibles, una aproximación generalizadora que estudia los medios concretos mediante los cuales se conquista, se detenta y se pierde el poder: en suma, una mirada sobre el poder, como reza en el subtítulo. Requiere del estudioso un equilibrio entre pasiones e intereses que raramente se encuentra en la caracteriología del politólogo. Este balance sutil es, a mi juicio, el lema y hasta la marca de Casa Gambescia. De la metapolítica gambesciana constituyen también apartados sensibles la reflexión sobre la acción metapolítica (¿conviene rechazar el mundo, aceptarlo o comprometerse estratégicamente con él?) y la incursión en las provincias de la decadencia de la civilización, promesa tal vez de otras jornadas intelectuales. Discípulo ex lectione de Sorokin, Gambescia afirma lapidario que nadie piensa hoy en la decadencia. Nuestras sociedades naufragan en un tiempo sin durée que ha roto sus vínculos con el pasado (presentismo) y con el futuro (cataclismo demográfico de la natalidad cero).

Más acá de la prospectiva sobre el poder y la decadencia se encuentran las afinidades electivas de Gambescia: Szymborska y Eliot; Dawson; Cantimori y Del Noce; Schmitt y Freund; Ortega. De su amigo Nicola Vacca toma un magnífico epigrama para el realismo político, con aires del capítulo XV de El príncipe: stare a guadia dei fatti. Entre las fuentes de elección está también Alda Merini, de la que reproduce un aforismo, invitando de paso a consultar el Dizionario Biografico degli Italiani para que nos den razón de esta mujer, poetisa y excelente cultivadora del género lapidario por excelencia:

La calumnia
è un vocabolo stentato
che quando arriva
a destinazione
mettre mandibole di ferro.

Del no muy conocido sociológo Edward Shils, muerto en 1995 a la "venerable edad de 85 años" y autor de un libro descollante en la sociología del Novecientos, Tradition (1981), dice lo justo para incentivar su lectura y descubrirnos cómo llega callando el silencio a una obra extraordinaria:

Judío de origen ruso y nacionalizado americano, especialista en Max Weber y Karl Mannheim y colaborador de Talcott Parsons. Shils gozó de un momento de celebridad en Italia: en 1983 recibió el premio Balzan y, por invitación de Juan Pablo II, participó en los encuentros estivales de Castel Gandolfo entre el Papa e importantes hombres de la cultura. Después se deslizó hacia una especie de limbo intelectual. Por lo demás, un intelectual no católico y apreciado por el Papa no podía obtener el favor de una sociología que, como la italiana de esos años, era la pedisecua de Marx y su epígonos.

Y como en ocasiones anteriores, Gambescia nos deja aquí y allá gratos encargos de lectura: G. Le Bras, La Chiesa del diritto. Introduzione allo studio delle istituzione ecclesiastiche (1955); S. Moscovici, Psychologie des minorités actives (1976); Tradition, de Shils, por supuesto; y M. Serra, L'esteta armato. Il poeta-condottiero nell'Europa degli anni Trenta (1990).

Y la impagable microautobiografía de

L'autore
Carlo Gambescia è nato e risiede a roma. Sociologo. Ha all'attivo fra testi scritti, curati e tradotti, alcune decine di volumi. Collabora con pubblicazioni scientifiche italiane e estraniere. Scrive su quotidiani e riviste. Svolge consulenze editoriale. Nel tempo libero che gli resta, poco per la verità, srive sul suo blog.

El colofón perfecto, per la verità, para un libro con arribes de serena melancolía: más allá de la metapolítica está la cruz de Cristo: aceptada en conciencia sobre nuestras espaldas debemos cargar con ella hasta el final. Oltre la metapolitica. Pero ahí comienza ya otro libro.

miércoles, 6 de junio de 2012

Valeriana

Para esta noche, valeriana, que acabo de abrir el Das Politische und der Mensch, del inmenso Kondylis. Mis hijas me lo acaban de traer a mi mesa. Un post-it de GM, mestre e amigo, me lo hace llegar adjunto a sus inefables "¡Saludos para las tres yolanditas!".

Plutarco viene también en mi auxilio

Mis hijas, a veces, cada vez con menos frecuencia, la verdad, no me dejan dormir. Quienes me quitan el sueño, en cambio, cada vez más, son mis amigos.

Hace veinte años, para salir airoso en los cursos de doctorado, mi catedrático de Filosofía del derecho me recomendó la lectura de las Vidas de Solón y Publícola, de Plutarco. Las conseguí en una edición magnífica de Les Belles Lettres de 1968. Entonces había en Madrid librerías de nuevo que podía atesorar durante décadas, esperando que se cumpliera su destino, ejemplares como este mío. En Solón buscaba con ahínco el rastro de las "verdades parciales de lo político" que hay en cada escritor veraz. Pude encontrar pepitas de oro como esta, no precisamente pequeña: "Los odios, en política, no pueden ser eternos", tal vez la primera fórmula de la amnistía, la fuerza del olvido. Pero fuera de programa me atrapó también la Vida de Tesmístocles, que el historiador romano comparaba con la de Camilo y que el editor había incluido en el mismo volumen, el II.

Temístocles tenía una calidad extraordinaria, comparable a su ambición, pues dejando en sus manos una ciudad minuta y oscura, se decía que sería capaz de convertirla un lugar grande e ilustre. De todos los sucedidos y pasajes que relata Plutarco hay uno extraordinario:

Se cuenta, en efecto, que Temístocles vivía hasta tal punto pensando en  la gloria y era tan apasionada su ambición de grandes obras que, siendo todavía joven, como quiera que, después de la victoria de Maratón sobre los bárbaros, veía a todos alabar el genio militar de Miltiades, se le encontraba con frecuencia sumido en sus pensamientos, pasando las noches en vela, evitando asistir las comidas festivas tradicionales. Cuando sus amigos, sorprendidos por estos cambios de su conducta, le preguntaban, él respondía que el trofeo erigido para Miltiades le quitaba el sueño y le impedía dormir.

Me impiden dormir a mi los libros de mis amigos, pero también, siendo buenos, los de quienes se dicen mis enemigos. Entre estos últimos, el estupendo de SM sobre El Derecho político de la Segunda República, en el que me veo emparejado con Luis del Valle, un krausista de derechas que había teorizado cansinamente sobre el Estado autoritario. Aunque no sea cierto, pienso que SM tiene derecho a escribir eso, incluso a hacerlo sin dar otra razón que mi interés de historiador de las ideas por este personaje menor de nuestro siglo XX político. La filiación me podría molestar en punto al estilo, pues no podría yo habitar la misma casa que Suly Vella, el "poeta de las mujeres" según Concha Espina. Mis gustos poéticos no tienen mucho que ver con los de Don Luis y su pseudónimo.

Me han quitado el sueño varias noches el estupendo glosario de EGM, El pabilo vacilante; los cuatro libros políticos que me envió hace poco desde Buenos Aires GM; la Rivista di politica, organizada desde Perugia por AC; la última novela de AD, Caza mayor; los libros que me aconseja, desde Roma, CG: los de P. P. Portinaro, Il realismo politico y los del orientalista italiano Carlo Formichi, Gli indiani e la loro scienza politica y Salus populi; por no hablar de Metapolitica, del mismo CG.

lunes, 4 de junio de 2012

Azoriniana

Antonio Maura, un gran talento político desaprovechado por sus compratiotas, tan pródigos en todo aquello que toca al bien público, llegó a ser un hombre perseguido por todos: la Corte, la prensa y los politicantes. La España oficial decretó contra él el famoso Maura no.

Hombres como él marchan siempre solos por España. En las memorias de su ministro De la Cierva hay algún pasaje estremecedor de soledades: la jornada nocturna, por carreteras de polvo (todavía quedada remoto el Plan de firmes especiales de Primo de Rivera), desde Madrid al Balneario de Fortuna, De la Ciera y Maura. El coche en el viajan para tomar las aguas en la Murcia remota es como una mariposa votiva en el alféizar de una España a oscuras.

Unos meses antes, Martínez Ruiz, víctima de unas fiebres (o eso quiere él dar a entender desde su San Casciano de la montaña alicantina), entretuvo sus ocios escribiéndo un Espejo de príncipes: El político, uno de los últimos del género en español. El librito está lleno de agudezas y psicología política. También de filosofía (la política es vida y la vida es fuerza) y antropología (el maquiavelismo es la propia condición humana). Más que un libro de horas para Maura, la voluntad de la fallida revolución desde arriba, era el escaparate en el que la España capaz de leer debía contemplar las virtudes del hombre a quien nunca dejó de gobernar la otra España, la que patea.

Sin embargo, por lo que se colige de sus explicaciones preliminares, unas pocas líneas, Martínez Ruiz debió ser consciente de que no le había salido un nuevo Antimaquiavelo, sino un libro de Azorín, otro libro de Azorín. Y no le quedaba más remedio, aplicándose sus propias recetas, que encarecer lo conseguido: "He procurado ser breve, preciso y claro". Qué requintado sentido del humor: una advertencia como esa en un escritor como él, todo precisión y líneas claras.