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miércoles, 1 de junio de 2016

Exámenes

Un examen, decía don Álvaro d'Ors con cierto manierismo disculpable en un universitario fuera de serie, es "el prosaico tapón que impide que se pierda el preciado licor de la docencia". 

Ayer, en uno de los míos, me pasmó descubrir en el fondo de la copa este poso alucinante: "Ciencias camerales (kameralen Wissenschaften): ciencia inventada por David Cameron". Sin el tapón dorsiano, a eso voy, esta y otras lapidarias definiciones se perderían, abortadas y nonatas para siempre. 

viernes, 6 de mayo de 2011

Filoque

Logos heracliteano y juánico,
naturaleza y convención,
voluntas y ratio,
patetismo y razón,
estatuto y contrato,
Gemeinschaft y Gesellschaft,
incluso función y órgano,
amigo-enemigo,

son dialécticas que
me parecen la disputa por un filoque
si las comparo con la movilización total del espíritu,
con la contienda trascendental entre lo espontáneo y lo difícil:
ponido y puesto
en la lengua balbuciente de mi hija.

jueves, 5 de mayo de 2011

Debú en Pamplona

[Julia, a la que nunca le ha dolido nada, ni siquiera la barriga, llegó a Pamplona cansada e irritable. Su llanto sin consuelo ha sido como una riada, pues las lágrimas han seguido corriendo días después de la gran tormenta, extinguido y olvidado ya el relampagueo en el cielo.]

Centro histórico de las ciudades, yo te saludo. Y también a vosotras: iglesias y ermitas y piedras venerables en general.

Hola a los museos, los jardines y los bulevares; también a los bancos públicos en medio de una calle poco transitada. Murallas. Librerías de viejo. Cafeterías, restaurantes. Cualquier cosa para cenar. Descansamos y salimos. Salud a toda esa  grata compaña del visitante. Y adiós; tal vez hasta luego.

No os echo ya de menos. Me interesa ahora saber cómo se llega a un hospital y por donde he de guiar mi coche, en la madrugada, hacia una farmacia abierta.

viernes, 29 de abril de 2011

La labor como hábito

He visto muchas veces las manos toscas de mi padre operar los injertos de los frutales de hueso, en chapa o en escudo, con una precisión de orfebre. Parece sencillo, pero no lo es. Lo veo sentado a horcajadas sobre el leve caballón seccionando las mejores yemas. No sé si un cirujano tendría mejor pulso. Hendida la corteza del tallo vivo, transfiere delicadamente la chapa, quedando la protuberancia, finalmente, reatada con una cinta de plástico transparente. De sus centenares de injertos los únicos que se han perdido han sido los que yo, a sus espaldas, he manipulado cuando niño.

Pero no le pidas que le saque a su nieta la magdalena del envoltorio. Las costuras del celofán son para él casi inexpugnables.

Es el milagro de las segundas naturalezas, el habitus, que tanto tiene que ver con lo que Hannah Arendt llama labor en su libro sobre La acción humana, o con las meditaciones de Josef Pieper sobre el trabajo del hombre en El ocio y la vida intelectual. La ascética protestante del trabajo como vocación (Beruf) y su ritualización mundana conducen ya a otra cosa: a la proletarización de toda labor, a la transformación de esta en mera profesión o dedicación superficial.

viernes, 22 de abril de 2011

La grey

Hacía una tarde desapacible. Viento y lluvia mezclados en aleación.

Después de los Santos Oficios se ha cumplido lo profetizado por Isaías, pues a la salida de la parroquia, en la plaza mayor del pueblo, todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y la grey se ha dispersado.

jueves, 14 de abril de 2011

Sobre la fe

Hijo de un peón de los ferrocarriles franceses y de una madre muy religiosa (une femme très religieuse, membre d'un Tiers-Ordre), Julien Freund preparó el examen de ingreso en el bachillerato en un seminario católico, el de Montigny-lès-Metz. En el seminario dice que los padres dominicos que lo tenían a su cargo le tomaron ojeriza, particularmente el prefecto de disciplina, quien le sorprendía de cuando en cuando con un libro de Maritain en las manos.

Más tarde, en el medio universitario y de los aspirantes a la Escuela Normal Superior, parecía inevitable que la fe religiosa de Freund comenzara a vacilar. "Una religión como esta [la católica de sus padres] no es admisible". Empezó a buscar.

En el precioso libro que recoge sus conversaciones con el Padre Blanchet, L'aventure du politique, cuenta que acordó con un amigo protestante, a quien había hablado de su zozobra espiritual, acudir tres veces a la liturgia evangélica y, como contrapartida, este le acompañaría en otras tantas ocasiones a la misa romana. Freund cumplió su palabra, pero no el amigo, quien no quería saber nada de los católicos (je ne veux pas aller chez les papistes). Decidió entonces, desconcertado, prescindir de las iglesias y dar la espalda a sus acuciantes preguntas últimas. Freund, entonces socialista como su padre, cesó toda práctica religiosa a los 19 años, en 1940.

Después de la guerra, de nuevo en la casa de su madre, ésta se daba cuenta de su perplejidad religiosa y "sufría". El párrafo que sigue es muy hermoso, lo recoge también el Padre Blanchet en el mismo libro:

"Julien, has dejado de ir a misa", me dijo. Entonces me pidió que le hiciera una promesa: "Ten por mi el gesto de ir a misa cada domingo". ¿Qué podía hacer tratándose de mi madre? Se lo prometí y desde entonces he mantenido mi promesa. Así que poco a poco regresé a la fe. 

Ahí está una de las verdades radicales de la fe, que siendo un don gratuito exige mucha disciplina personal.

La moral perenne de ese detalle biográfico la captó Pascal (Pensées, 680): 

La coutume est notre nature. Qui s'accoutume à la foi la croi, et ne peut plus ne pas craindre l'enfer, et ne croit autre chose.

Quien es capaz de hacer de la fe un hábito, ese cree también.

Te acostumbraste
a creer lo que creías:
tienes fe.

martes, 12 de abril de 2011

10:40 AM

Hace exactamente 50 años que el cosmonauta ruso Yuri Gagarin salía de la cápsula del Vostok I para caminar por el espacio. Era una mañana fresca en el sistema solar, arrabal de galaxia.

En su paseo sideral de casi dos horas parecía caminar con la confianza (¿en Dios? ¿en el Soviet?) de un niño en su madre, a prueba de desengaños. Braceaba también Gagarin con la insensata presencia de ánimo de quien, según el Partido, representa (¿ante Dios? ¿ante la Humanidad televidente y radiooyente?) a todo el género humano.

Hace exactamente 50 minutos que mi hija Julia, confiada como un paseante espacial, ha salido del andador de su hermana para dar su primer paso. Yolanda, que la espera al final de la hazaña de su vida, me lo telegrafía -tienes razón E.- en un SMS.

La tierra, en ese instante, le habrá parecido a mi hija que estaba envuelta en la misma delicada aureola azulienta reportada, hace medio siglo, por el informe de un héroe soviético.

Azoriniana

El verano pasado, a finales de julio, me reencontré, después de veinte años, con mi catedrático de civil, FRP. Intervenía con sus preguntas en un curso estival de la Asociación Católica de Propagandistas, celebrado en el Seminario de Monte Corbán de Santander. Había enviudado hacía algún tiempo y acusó el golpe, pero me dicen que ahora ha encontrado otras vez las fuerzas para servir a los demás. Se acordaba  vagamente de mi y me encargó llamadas y visitas a sus antiguos condiscípulos de la Universidad de Murcia, preocupado por la digna celebración del centenario de la Minerva del Segura. Vendrá bien impetrar para ello, me decía, la ayuda de la Virgen de los buenos libros.

RP, como le llamábamos, me dejó entrañado un recuerdo imborrable, pero no, lo aseguro, por el sobresaliente o tal vez la matrícula que me puso, pues como profesor de otra raza, la de los catedráticos de antes de la LOU de Maravall, premiaba a casi todo el mundo con la máxima nota.

El profesor RP, cuya vida pacífica parecía entorpecer casi todo el mundo, siempre atosigándole con prisas, nos explicó un día el minuto atropello de que fue objeto por no llevar consigo el documento nacional de identidad, sino una copia notarialmente compulsada de la infamante cartilla. Ese era, lo recuerdo, el epígrafe de una lección de su temario: así, "el infamante DNI", duro a la safena del Estado. Es lo menos que se puede esperar de un civilista.

Con mi amigo PM, jienense, ahora padre de familia, funcionario de prisiones y justo acreedor de la fama no reconocida a su abuelo como inventor de los flamenquines, le acompañé varias veces en su Ford Taurus marrón desde la Ciudad Universitaria hasta la Plaza de España (P vivía en Fuencarral y yo en la Plaza de los Mostenses).

Cada día pedía a un alumno que tomara asiento a su izquierda y apuntara todas las memorabilia de clase, pues da mucho de si, más de lo que se cree, la horita de clase, tormento del profesor enamorado de su oficio. ¿Qué apuntaría en aquellas actas un francés estudiante de marketing que se dejó caer por allí ese cuatrimestre, vanguardia de los programas Erasmus? No sabía ni papa de español.

Nos hablaba de Azorín como quien habla de un vecino de la familia y nos  había prometido uno de los sillones en los que el escritor pulía sus primores para que cualquiera de nosotros pudiera defender, algún día, una buena tesis doctoral sobre Azorín y el Derecho. Creo que el tema sigue, desgraciadamente, en barbecho. 

En una de sus clases nos contó, no recuerdo ahora si citando La voluntad, que en Yecla, ciudad vecina y rival de la suya, Monóvar, "todo el mundo se prepara". Tal vez se refería a unas oposiciones a Registros. He recordado la exclamación azoriniana, pasada por la memoria de mi catedrático de civil, al entrar hoy el primero en la Biblioteca y contemplar en silencio todas estas mesas desbordadas de libros, carpetas y papeles, entre los que zozobran los notebooks.

sábado, 9 de abril de 2011

Magister ex lectione

A un lector ávido:

Lector,
de quién
no serás tú discípulo.

domingo, 3 de abril de 2011

Un director de la revista "Alférez" , un corredor de comercio y un cátedro de Político

En un folleto publicitario del Archivo Histórico de la Universidad de Murcia se detallan los papeles de la inst:itución, haciéndose de ellos publicidad científica. Siguiendo una costumbre que nunca tuvo justificación se recuerda el nombre de dos luminarias de la  minerva murciana: el del catedrático de Derecho político, Enrique Tierno Galván (ETG), y el del catedrático de Derecho penal, Mariano Ruiz Funes (MRF). Nadie mejor que ellos para hermosear el Estudio General murciano.

No creo que sea casual su emparejamiento, pues además de ser iconos de la izquierda leída, algo tienen, en efecto, en común. No es la altura académica o científica que por aquí se les atribuye, sino el mal carácter de ambos.

De ETG se ha escrito mucho, aplicando al personaje altas dosis de mala leche, que tampoco me parecen de recibo. Esas aguas no pueden mover ya ningún molino. De MRF, al que le han fabricado una Fundación, bastará con recordar, como me decía hace poco JBL, uno de los esforzados traductores del Digesto a la lengua española, que le hizo en Murcia la vida imposible al abogado del Estado Federico Salmón Amorín, Profesor Auxiliar de Derecho administrativo y organizador de la ACNdP en la provincia del sureste, Ministro de Trabajo y Previsión social y asesinado por el Frente Popular en Madrid en noviembre de 1936.

En otro plano, el de la vida consagrada a la Universidad, está Rodrgio Fernández-Carvajal (RF-C), el maestro más grande de los que han profesado en Murcia desde la fundación de la Unviersidad en 1915. Su vocación, su finura intelectual y su bonhomía no cotizan para los políticos universitarios. Ni tiene fundación ni se van a editar sus obras completas, pero fue el primer catedrático de la Facultad de Derecho que decidió quedarse en Murcia a cumplir con su programa: "Que una generación de catedráticos jóvenes se entierre en provincias para darle tono a esas universidades". Así lo decía en sus artículos de la revista Alférez.

Me ha venido a la cabeza la figura de Don Rodrigo al releer, todavía no sé por qué razón, el capítulo primero de La fea burguesía, de ME, corredor de comercio y escritor modesto para públicos resabiados.

Recuerdo como si fuese ahora mismo cómo aparqué mis apuntes (solía estudiar yo en la Marqués de Valdecilla, a 5 minutos de mi casa de entonces, San Bernardo 89 y no muy lejos de la calle de la Luna, que le da nombre a la novela de KMM) y me fui a comprar el libro, anunciado en algún suplemento cultural (viernes o sábado sería), a la Librería Fuentetaja.

Qué impresión me causaron aquellas páginas. Lo que me impresiona hoy, en cambio, es que entonces tenía un estómogo a prueba de bombas y podía leer cualquier cosa. Le debo a ME, a qué negarlo, buenos ratos ya olvidados y el descubrimiento de uno de los nombres clave del pensamiento político-jurídico español del siglo pasado: Javier Conde, cátedro de Político.

viernes, 1 de abril de 2011

Enchufables

Redactada en un español deplorable me llega una comunicación del Decanato. Es el acta de una reunión en la que aparece una relación de asistentes y una relación de no-asistentes-que-excusan-su-asistencia. Yo no aparezco ni en una ni en otra.

Como acaban de enchufar a una Beca a la hija de un señor, me alarma este "tema relevante manifestado por los alumnos en sus sesiones de tutorías" y referido en los infolios:

"Demandan más enchufes en el aula".

Mucho ha cundido el magisterio del enchufista entre los chicos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Autovía A-30

Primavera,
te anuncian
las furgonetas del helado.

lunes, 21 de marzo de 2011

El poder perdido

Tengo noticia, al terminar el Seminario que sobre los aspectos políticos, económicos y religiosos del Estado providencia impartí el pasado viernes 18 de marzo en el Instituto Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra, de una tesina de posgrado sobre la teoría de la legitimidad y el régimen político en Ángel López-Amo. Su autor es un estudiante ecuatoriano, José Alejandro Vázquez Alarcón, alumno de un máster en aquella Universidad. Vázquez Alarcón se sometió a la dirección del medievalista Jaume Aurell Cardona.
Tal vez un buen principio para una tesis sobre alguna de las constelaciones intelectuales que hacen tan singulares los años españoles de 1935 a 1969.

[J. A. Vázquez Alarcón, El poder perdido. Pamplona 2010, 90 pp.]